104 — El desierto

Station de San Antonio del Oeste, la porte du désert

 

San Antonio del oeste. aquí, casi sobre el Atlántico, todo al este, empieza el vacío: una estación de servicio clavada entre desierto y cielo. Los únicos relieves: las estructuras de esta estación, algunos faroles, algunos camiones en espera. Este día, para preservar la uniformidad, el cielo esta gris acero, el sol un halo intermitente.

Desde entonces la ruta se proyecta al oeste. Es una de estas rutas que tienen la pretensión de atravesar un continente. Únicamente la pretensión. Pero, allá, cuando se borrará, vencida por los Andes, el olor del Pacifico será dominante.

Progresar hacia el oeste es meterse en un mundo de espejismos, de engaño. Las leyes de la física pierden su pertinencia. Mismo el verbo avanzar es una mentira. Aunque el velocímetro puede proclamar 10, 50, 90, 110 km/h, el paisaje se queda inmóvil, increíblemente inmóvil. Los únicos en hacernos creer en el movimiento son los alambres de puás. ¿ Tienen un dueño ? ¿Son otra cosa que simples destructores de inmovilidad ?

Otro engaño es el frescor protector del aíre. Es difícil creer estos 37, 39, 42°C que proclama, siguiendo su humor, el termómetro. Pero, la menor parada, la menor ventana entre-abierta, borran este fantasma ayudados por un viento caliente, pesado, cargado de arena, de humedad. Resacan instantáneamente la piel.

El viento! El viento es el ilusionista que forja, transforma, engaña, borra el desierto.

El forma los tornados que galopan sobre el infinito, que cruzan la ruta, que invitan, a veces, a la arena, el coche, el caballo, el matorral, el improbable caminante a bailar con ellos; amantes inflexibles llevando un ritmo que ellos solos pueden seguir.

Él es los sonidos que viven en este lugar; las alambres de puás son guitaras, los cactus flautas, la tierra percusiones. Hay que parar para escucharlo; potente concierto con notas perpetuas y efímeras.

Dentro del espejismo se levanta un árbol, otro más, una casa, otra más, una plaza, una iglesia… ¡Última ilusión! Mismo en la nada viven los hombres.

16/07/2013

traducción por Philippe Dulauroy/ Mariana Rodriguez

texto original : 104 – le désert

 

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7 — Puente Carlos

Pont Charles

Puente Carlos desde el Castillo – Praga

Una Leyenda sostiene que en este lugar un viajero descubrió un tesoro escondido debajo de su casa, allí, mas allá de la mirada, del horizonte.

En este puente la imaginación impone una noche fría con la neblina como protagonista. Tantos fantasma dentro de este neblina ! Los de Kafka, de Kapek, los del Golem o del rabino Löwe caminan con el paso inseguro de aquellos que saben que ya no son.

Bajo este puente el eterno diálogo de la piedra y del río se transforma en imposibles combates sin muerto ni herido, sin vencedor ni vencido, sin risa ni llanto. Las gaviotas burlonas y arrogantes escriben esas crónicas. Arriba del puente, negro y orgulloso, sublime y terrorífico, el castillo impone su voluntad, seduce, domina todo y a todos. Pero el puente, lazo entra la ciudad y el poder, lo ignora, lo desprecia.

Antes del puente está su fantasía nacida de libros, de sueños, de películas, de puras invenciones. Luego del puente todo esto queda. Aunque también se agregan perspectivas, sonidos, olores y ruidos nuevos y únicos.

La mano se deja llevar, acaricia las piedras. El puente parece ronronear, se deja hacer, pero los captura. Deja creer que ustedes lo dominan, para atraparlos. Después,guiará sus pasos. Los degustará, los agregará a su colección y los escuchará, a veces, por placer. Tan sólo cuando nieva (¿cómo resistir a ese silencio quedo?), aunque este vacío, resuenan pasos.

Si cruzan en dirección del castillo, la iniciación empieza, pero los dejo hacer este descubrimiento. Si cruza en dirección de la ciudad, Praga les sonreirá con esa sonrisa que ronda los sueños. Ella sabe que son sus esclavos.

26/06/2013

traducción por Philippe Dulauroy/ Mariana Rodriguez

texto original : 7 – Pont Charles